• El cacao originario de nuestros pueblos...

  • Es en cierta medida un mito y una ideología decir que el cacao y el chocolate sea alimento de los dioses y bebida exclusiva de los nobles, jefes y reyes, es sobre todo una semilla de los pueblos, pero, es verdad, no todos los pueblos son libres ni todas las comunidades son unidades soberanas y en resistencia cultural.

  • En nuestros pueblos los niños y niñas corren detrás de las mazorcas que se cortan del árbol del cacao, comen y chupan la pulpa que lo envuelve, el mucílago, una telita blanca con sabor cacao-guanábana, los niños gritan a tucanes, loros, pájaros multicolores y pardos cuando llegan a comer y picar el cacao y las cerezas del café; se ofrece de casa en casa, de pueblo en pueblo, en asambleas, en nuestros pueblos el cacao y el chocolate tienen valor de uso, valor de cambio y valor simbólico.

  • El uso del cacao en tierras mesoamericanas se remonta a más de 5 mil años donde se han encontrado vestigios en la franja atlántica y en la franja del pacífico, así como en las zonas intermontanas y llanuras desde La Venta en la zona Olmeca del actual Sur de Veracruz a la zona del Izapa en el suroriente de Chiapas, Guatemala y el Salvador; en las tierras cálidas húmedas las Honduras y Nicaragua, en las montañas de la Cañada, la Sierra Sur y el Istmo de Tehuantepec, en el Totonacapan y en la Chinantla, en la montaña de Guerrero, en la península de Yucatán y en las selvas de Tabasco y Campeche.


Los pueblos del jaguar, el guardián del cacao, el corazón de la montaña.


Entre los pueblos mesoamericanos, en particular en Oaxaca, en las montañas, existe el pensamiento y el significado de que el jaguar es el guardián del cacao, su rugido se asemeja al sonido del corazón del monte y al trueno, aquel que cada tanto habla, en un crujir o en pulso, en un movimiento del agua, el que en terremoto habla cuando la tierra quiere decir algo, el que en la montaña se escucha y se siente aunque no se vea, es también la conexión con el cielo y con la tierra, el corazón de tierras y aguas, el guardián, el corazón del pueblo, el jaguar, el cacao y la montaña son guardianes en los territorios.


En los pueblos mayas, se le llama Votán o Uotán, Ool taan, en los pueblos Cuicatecos se le llama Iviiuu, en los pueblos zapotecos del Istmo se nombra Pitáo. Entre los pueblos Mixtecos es el corazón del monte se llama Nuhu iniñuu. Entre los zapotecos Yaga se nombran los árboles grandes como el pochote, parota, guanacastle, la ceiba, el jaguar bedxe y el cocodrilo be´ñe que sostiene la ceiba madre, el Cipactli que representa la corteza de la tierra para el pueblo nahua, el Tepeyollotli, o corazón del monte, está asociado a Tezcatlipoca deidad que compartían los guerreros, brujos y esclavos.


El simbolismo asociado al jaguar guardián de la montaña y el cacao que entre los zapotecos de los valles es el corazón, entendido como hueso o semilla de donde brota nuevos seres, el monte como corazón y semilla. Entre algunos pueblos de Oaxaca el origen de los humanos actuales está dado por la transfiguración originaria de piedras y jaguares de las montañas.

Una, muchas cosmovisiones de nuestros pueblos, una referencia no occidental, muchas referencias para entender otros mundos, otros pensamientos, abiertos a otros.


El cacao en algunos pueblos se asocia entre el jaguar y la montaña, al rayo y al trueno, el rayo que mide distancias entre cerros en la cañada, el machete con el que pelean los cuatro dioses de la lluvia entre los mixtecos.


El mono y el viento también están asociados como guardianes y medios de encuentro y dispersión del cacao entre los pueblos del sur y sureste de México.


El cacao en los pueblos afroamericanos cimarrones se convirtió también en una semilla de alimento y en los rituales para los orishas afroamericanos, Orí le llaman a la manteca de cacao.


El cacao fue valor de cambio algunas veces en que los libres podían intercambiar productos para sostener la resistencia en las remotas comunidades enclavadas en las montañas, un cambio de estrategia en el espacio para no ser esclavos en las plantaciones.


Cultivo de resistencias y rebelión.


El cacao, junto con el maíz, es un alimento de los pueblos y no sólo de los reyes y dioses como la historiografía dominante ha querido imponer en el pensamiento de las sociedades para hacerlo un dispositivo de comunicación que jerarquiza y elitiza un conocimiento milenario.

Es además una semilla dentro de los múltiples ciclos de vida y trabajo de las tierras, de enraizar constantemente para renacer, dentro del tiempo y espacio de las sociedades contemporáneas de raíz milenaria.

El cultivo del cacao está asociado a los procesos de resistencia y rebelión de los pueblos en la toma de las bodegas de las rebeliones zapotecas del siglo XVI y XVII, en los levantamientos de sierra sur y norte de Oaxaca en el siglo XIX, en la guerra de independencia en torno a la toma de la ciudad de Oaxaca por José María Morelos, en las rebeliones mayas, en el proceso revolucionario de 1910, en cientos de fogatas de campamentos de huelgas de trabajadores, en las madrugadas de las luchas de los pueblos y los trabajadores, en los cotidianos usos ceremoniales.

El cacao cimarrón.


La estrategia geopolítica de escape y fundación de comunidades libres, de reposicionamiento, el cimarronaje en México, América Latina y el Caribe está asociada al cultivo en plantaciones coloniales y cultivos de resistencia de pueblos originarios y afros en los palenques, quilombos, mimbes, cumbés y mocambos.

El cacao fue y es una plantación de tipo colonial en muchas regiones del Caribe, de Centroamérica, de América del Sur. En las Guayanas, en Colombia, Ecuador y Brasil.

En territorios indígenas del amazonas de Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, se chupa el cacao pero no se transforma en chocolate, en otras zonas es practicado el proceso de molienda y preparación de bebida como en la zona de los Kuna en Panamá y en los cumbé de los afro-venezolanos. En las Guayanas y Surinam hay cultivos de cacao por los grupos que se reconocen como Cimarrones fundaron también pueblos de montaña, ciénegas y llanos.

En las Antillas, en República Dominicana, en Trinidad y Tobago, en Jamaica, Haití y Cuba existen plantaciones cooperativas asociadas a un remoto pasado de esclavitud que derivó en cimarronajes y filibusterismo, en alianza con bucaneros de lengua papiamento con mezcla europea, negra e india.

Este proceso de escape-posición, de ir a la montaña para vivir libre, es parte de un proceso milenario contra el poder y contra todos los Estados, Reinos e Imperios, ya había sucedido esta dispersión frente a las fracciones imperiales Mayas y los reinados Mixtecos, Zapotecos y Cuicatecos en torno a Monte Albán y Mitla, antes frente a Olmecas- Xicalancas.

Para 1535 los procesos de cimarronaje en México iniciaban entre afrodescendientes y entre los africanos recién llegados, formando nuevos pueblos y comunidades en las montañas, para 1609 se funda el pueblo de San Lorenzo de los Negros en Veracruz, hoy Yanga, y posteriormente entre muchos otros pueblos cañeros de Santa María de Amapa en Morelos y Matamba en la Cañada de Oaxaca, Almoloya y Huatulco, en las plantaciones del sureste desde Chiapas a Yucatán, en Centroamérica, en la costa de Guerrero y Oaxaca en busca del mar, de Acapulco a Pinotepa Nacional y a Jamiltepec, pasando por el Ciruelo, Llano Grande, Cortijos, Corralejo, Jicayan, Maldonado, Cuajuinicuilapa, en las plantaciones cañeras de la cuenca del Papaloapan Acatlán, Cosolapa, Tuxtepec y Loma Bonita, San Juan de la Punta, La Antigua, Hueyapan, Cosamaloapan, en las minas del Bajío de Matamba en Guanajuato y con los Mascogos en Coahuila, en el norte de Veracruz y Tamaulipas, en Baja California y Zacatecas, las minas de Hidalgo, así como en la Ciudad de México.

Cimarrón, flecha que busca la libertad, símbolo de las montañas donde indios y afroamericanos escapaban de la esclavitud para vivir libres con la autonomía como modo de vida en las tierras de América.

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